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Sacramento de Reconciliación (Confesión)

Recibir la misericordia infinita de Dios y la reconciliación con la Iglesia

¡El amor de Dios por nosotros es incansable!


Los seres humanos están rotos. Somos débiles y propensos a resistir la voluntad de Dios en nuestras vidas. Incluso después de llegar a conocer y amar a Cristo, nos encontramos una y otra vez en necesidad de Su misericordia debido a nuestro pecado personal. La Iglesia ha llamado tradicionalmente esta experiencia a menudo frustrante de nuestra naturaleza caída “concupiscencia”. Naturalmente buscamos el “bien” en todos los caminos equivocados, y esto nos separa y nos endurece contra la gracia de Dios.

Sin embargo, nunca debemos desanimarnos por nuestros fracasos, porque el amor de Dios por nosotros nunca cambia. Como dijo el Papa Francisco: “Dios no se cansa de perdonarnos; Nosotros somos los que nos cansamos de buscar su misericordia.”(La Alegría del Evangelio) Los Salmos nos dicen que Dios es “misericordioso y clemente, lento a la cólera y abundante en amor y fidelidad” (Salmo 86). Esta mansedumbre paciente hacia los pecadores fue más claramente revelada, sin embargo, en Jesucristo, el Dios encarnado. En la persona de Jesús y en Su acción salvadora en la Cruz, vemos el rostro de la misericordia de Dios. En efecto, Cristo no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores. Él murió por nosotros, resucitó por nosotros y continúa intercediendo por nosotros desde el cielo. Estas son muy buenas noticias.

¿Por qué tengo que ir a Confesión?


El Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación, mejor conocido como “Confesión”, es el medio por el cual la Iglesia distribuye esta rica misericordia ofrecida por Jesús en el Calvario. En la persona del sacerdote de tu barrio, es el mismo Jesús el que dice: “Tus pecados son perdonados” una vez más por medio del poder del Espíritu Santo nos habla hoy: “Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Las gracias recibidas en el sacramento de la Reconciliación sanan nuestra relación con el Padre, nos devuelven a la vida de gracia perdida por el pecado mortal y nos facultan para evitar las ocasiones de pecado en el futuro.

¿Y si no he estado en confesión en mucho tiempo?


Si no ha estado en Confesión durante un tiempo, ¡lo invitamos a hacerlo! Dios ansiosamente quiere ofrecerle Su perdón. Es muy natural tener algunas ansiedades acerca de decirle a un sacerdote sus “cosas”, pero recuerde que él está bajo juramento para proteger su confidencialidad. Él es el humilde instrumento que el Señor utiliza para hablar de su perdón a nosotros. ¡El Papa Francisco lo puso mejor cuando dijo que el confesionario nunca debe ser una cámara de tortura! Por lo tanto, “Te imploramos en el nombre de Cristo, reconcíliate con Dios” (2 Corintios 5:20).